
La marea había sido un disparo,
Y otros, en cada caída de las olas, derrames sanguinolentos habrían sido si no hubiese estado nublado, gris azulado.
Al sol la sangre hubiese chorreado los ojos, la habría visto en los párpados.
Nublado y frío, la sangre hirviendo en las vísceras, no eramos tan ciegos a pesar del interior acontecimiento de los vómitos alcohólicos, vidrio quebrado de un golpe de mano, agujas enterrándose en la mano derecha, en el corazón izquierdo, en las cuerdas vocales, he cantado como el orto. No he podido evitar los temblores, la boca desviada, el ardor en el corazón izquierdo, y en el derecho si es que allí hay algo, y en las tripas y en el ano.
Después de tanto llorar existió el silencio, realmente el silencio, sino tal vez con el disparo ya había estado llegando como sordera, los oídos en el estómago y en las vértebras más contundentes.


































